Jóvenes demonizados

por / sábado, 11 enero 2003 / Publicado en5 días

Recientemente, un alumno de una escuela californiana, Reid Ellison, documentó su proyecto sobre el tema del hacking infiltrándose en los sistemas de su escuela. Ante la incredulidad de sus profesores, Reid tuvo que introducirse en el servidor de la escuela con derechos de administrador delante de ellos.

La anécdota del suceso reside en que otro alumno hubiera probado su hazaña elevando sus calificaciones, pero Ellison ya tenía una media de A+ (una insuperable matrícula de honor), por lo que se vio en la necesidad de asignarse un promedio regular para probar su trabajo.

Mientras ocurrían estas cosas en California, en Oslo un tribunal absolvía el martes al noruego Jon Lech Johansen, denunciado hace tiempo por las productoras de DVD al crear un programa que anulaba el código de seguridad de estos discos y facilitaba, presuntamente, las copias ilegales. El tribunal ha considerado que Johansen tiene legalmente derecho a crear y usar su programa para ver el contenido de sus DVD a través del PC. Pero ¿y los demás?, ¿tenemos ahora el mismo derecho?

El joven creó DeCSS (http://mond.at/decss), programa que anulaba la protección de seguridad de los DVD con la intención de poder visualizarlos en un ordenador con Linux. La importante sentencia considera que, puesto que los DVD fueron comprados de un modo legal, cualquier persona dispone de un ‘acceso ilimitado’ a sus contenidos en el reproductor que considere conveniente. Lo gracioso en esta ocasión es que Johansen tiene ahora 19 años, pero, cuando creó su programa, tenía 16.

Y no hace falta vivir a caballo de la actualidad para llegar donde pretendemos. Allá por el mes de abril, supimos que un programador llamado Finlay Dobbie, de 15 años, participaba con entusiasmo en el desarrollo del sistema operativo de Apple. Era un entusiasta de los ordenadores creados por esta empresa desde que recibió su primer Macintosh como regalo de sus padres en 1993, cuando tenía seis años. Y por esa razón aceptó entusiasmado una invitación a participar en el desarrollo de Darwin, el proyecto de código abierto de Apple, que forma la base del sistema operativo Mac OS X. El proyecto estaba abierto para todos, igual que ocurre con Linux /Free BSD, por lo que Finlay se decepcionó al enterarse de que sólo las personas mayores de 18 años podían participar. Apple excluyó a Finlay señalando que la legislación estadounidense no permite la participación de menores de 18 años en proyectos de ‘voluntariado informático’.

¿Por qué una niña de 12 años puede ser actriz o modelo o deportista de alta competición? ¿Por qué un niño de 15 años puede grabar un disco, pero no puede participar en proyectos informáticos destinados a hacer más justa y libre la sociedad de la información?

La respuestas a estas preguntas es tan simple como demoniaca. No queremos aceptar la realidad de que nuestros jóvenes y nuestros niños viven con más comodidad el nuevo mundo digital que nosotros. Y nos dedicamos a intentar demonizar cuanto hacen e incluso a perseguir sus acciones legalmente. En estas fechas de regalos le ha tocado el turno también al videojuego como expresión amenazante de ese nuevo mundo. Y nos hemos lanzado a pedir legislaciones que impidan videojuegos violentos. Todos contra la violencia digital, pero pocos contra la violencia real. Esa que contemplamos cada día en la calle, en los informativos, en el cine. O esa otra que permite en pleno siglo XXI la marginación de las mujeres en la Cabalgata de Igualada, en la Cataluña real.

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