Lecturas de cabecera

por / sábado, 05 julio 2003 / Publicado en5 días

Ningún occidental debería obviar la obligada lectura de La Iliada o La Odisea. Alejar de la mesita de noche esas obras clásicas lleva a no entender lo que realmente se transmite con las artes clásicas: las mismas advertencias ideológicas y sociales que en estos tiempos transmite la televisión con machacona insistencia. Quien piense que el vencedor de la pelea entre Héctor y Aquiles lo fue en función de poderío físico o ingenio, yerra. Hay que tener en cuenta los elementos mágicos que participan en la pelea, porque ése es el sentido final de la magnífica narración que se nos ofrece.

Esta semana han llegado noticias épicas, aunque no de tan elevado lenguaje como las de la Grecia clásica. La más impactante ha sido una operación masiva calificada como ‘la más importante de Europa’ no sólo por la magnitud de lo incautado (950 grabadoras y 500.000 discos vírgenes), sino también por el hecho de que alguien ha creído que se trataba de la primera vez que se actuaba contra el origen del negocio de la piratería.

Aunque todos estamos contra la piratería, como contra cualquier acto penado por la ley, por más que no sintonicemos con la ley misma en algunos matices, parece evidente que alguien ha perdido la perspectiva. ¿Puede detenerse a vendedores de armas de caza porque las empleen mafiosos en sus reyertas? También podríamos detener a farmacéuticos acusados de vender calmantes usados para suicidios. Y, mejor aún, a los médicos que los recetaron sin intuir que el paciente los tomaría de 50 en 50. O a quien suscribe por el hecho mismo de proponer esta reflexión.

Las universidades de Harvard, Toronto y Cambridge han unido sus fuerzas para crear ‘el mapa de la censura’ en Internet y a uno le entra la sospecha de si no llegará a ser innecesario si tal como caminan las cosas se expande aún más esta ola de ferviente persecución liberal. La operación de la que hablamos se ha basado en la idea de que las empresas intervenidas sabían a dónde iba dirigido el material porque las grabadoras incautadas últimamente eran de su marca. Los vendedores de alcohol también saben a donde va a parar su producto: el 100% de los borrachos que se estrellan con su coche lo ha ingerido.

La línea argumental lleva a asegurar que muchas grabadoras incautadas a piratas en el último año eran de la firma Rimax y habían sido producidas en los almacenes intervenidos. La razón debería apuntar al hecho de que eran de las más económicas del mercado, pero eso a nadie importa en esta economía neoliberal que disfrutamos/padecemos. Y no importa incluso por mucho que genere inseguridad legal a quien crea una empresa, observa el éxito de un competitivo producto, invierte su dinero en adquirir y almacenar stock del mismo y se encuentra de pronto con que la policía interviene material adquirido legalmente para su venta igualmente legal. Acabaremos deteniendo a especuladores por comprar pisos e inflar la burbuja inmobiliaria.

No podemos leer la noticia, como tampoco La Iliada, sin considerar el contexto en que se produce, la idea que subyace en su producción, el objetivo mismo de narrar los hechos en cada caso. Hay mucho de advertencia: los dioses no están dispuestos a dejar de intervenir en el mundo humano. Lástima que se hayan olvidado de que Hércules (Internet) es un semidios que ha decidido derribar alguna que otra columna. Y ya se sabe que torres más altas cayeron.

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