¿Mola o no mola?

por / sábado, 08 junio 2002 / Publicado en5 días

Quien deambula a diario por los parqués virtuales que pueblan el ciberespacio puede comprobar sin gran esfuerzo que en la Red pretenden mantener vigente el mismo extremismo irreflexivo al que nos tiene acostumbrada la vida real.

El problema vasco (que como canta Sabina ‘es muy delicao’) lleva dando bandazos desde que adquirí uso de razón, sin atisbo de racionalidad alguna. Y en la Bolsa ‘la vida sigue igual’. Del optimismo más radical pasamos al pesimismo más exacerbado, con un aumento de la volatilidad jamás registrado. Una volatilidad que acrecienta la impresión de que se ha convertido al parqué en una mesa de naipes donde se juega al póquer con unas reglas que siempre tiran al pequeño inversor, por magníficas que sean sus cartas, cuando los grandes deciden subir las apuestas.

Lo ocurrido con las inmobiliarias y la actitud de escapismo legal demostrada por los bancos ponen de manifiesto la necesidad de actuar en un mercado donde, gracias a Internet, la información fluye a velocidad extrema y cae primero un mentiroso que un cojo. Aunque quien no acaba de caer (en la cuenta) es la CNMV, que sigue siendo la última en ‘querer’ enterarse, convirtiéndose en protagonista de todos los foros de Bolsa hispanos. La lista de males que soportamos a diario sobrepasan el límite de lo imaginable. Entidades financieras como el BBVA asombran cada día con nuevas revelaciones sobre sus ex directivos (www.aznar.net/BBVA/cronologiahechos.html), aquellos que ocultaban en paraísos fiscales beneficios a sus accionistas. Cada día salen del armario más y más curas que especulan con el cepillo parroquial. Un fiscal castellano (García Ancos), que no se ha enterado que Franco ha muerto, recibe la baja por depresión porque las críticas le ponen ‘malo’, cuando los que estamos deprimidos somos la inmensa mayoría de quienes pagamos su sueldo, que además cobra ahora mientras saborea un vermú en una terraza de verano. El mismo vermú que se han tomado ayer a la salud de sus conciudadanos algunos funcionarios municipales a los que su alcalde ha regalado unas horas a costa del erario público para que vean a la selección.

El gobierno canta a coro Lucy in the sky with diamons y sueña (alucina, más bien) con obligar a los proveedores de acceso a Internet a retener todos los datos de las comunicaciones electrónicas durante un año. El Tribunal Supremo de Austria despoja a Sony de sus derechos sobre el popular nombre de su reproductor portátil de música (el walkman), mientras sus colegas luchan por mantener los derechos de autor a salvo de la vida pirata (la vida mejor). Y, por no seguir hasta la última página del diario, la tomadura de pelo permanente a los accionistas minoritarios se extiende del sector de telecomunicaciones al inmobiliario, pasando por NMQ, JAZ, AVZ…

En este contexto, uno halla una web con el dominio apropiado (www.estahuelgamola.org) y reflexiona. Uno de los chistes con cuya narración más se recreaba mi padre era el de un visitante que deambulaba por Oviedo buscando una calle llamada General Moral. Abordaba a un viandante y le preguntaba: ‘¿General Mola?’. A lo que el ciudadano interrogado respondía con sinceridad: ‘General mola, pero mola más capitán general’.

Y la verdad es que el mundo real hace ya tiempo que no mola. O mejor dicho, hace mucho que mola más el mundo digital. Allí, por lo menos nadie se ríe de ti en tu cara. Salvo si lees el correo con Outlook o abres mensajes de origen desconocido y título torticero.

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